La sequía ha acarreado dolor, muerte e incertidumbre en la comunidad El Naranjo, una de las comarcas comprendidas en el Corredor Seco del municipio de Comalapa, en Chontales. Hace algunos días dos bebés de cuatro meses murieron por el consumo de agua contaminada con coliformes fecales. Esto ocurrió en pleno verano, cuando los pobladores de esa comunidad empezaron a ver y sentir la desecación del río que circunda las comunidades de El Coyol, El Avispero, El Llorón, El Naranjo, entre otras. Cuentan que llevan dos años “viendo la cosa feísima”, solo en la parte alta ha quedado un poco de agua y en la parte baja apenas charcas se notan, mientras en su cuenca derriban los que eran frondosos árboles. Al ver que el “agua se nos va de las manos” y conocer sobre la contaminación de ríos y pozos con Escherichia coli —según análisis bacteriológico realizado por la Cooperación Alemana para el Desarrollo (GIZ)— los pobladores han cavado pequeños pocitos en las riberas del río, los que cuidan como un tesoro y según ellos al llenar los recipientes, cloran el agua, pues a raíz de la muerte de los dos niños el Minsa distribuye cloro en las comunidades.

MUJERES EMIGRARON

Las madres de los dos menores que murieron se vieron obligadas a emigrar en busca de trabajo hacia Costa Rica. “El niño iba a cumplir cuatro meses, mamó pecho, pero lo abandonó, tomaba pacha con agua del río y dicen que salieron contaminadas las aguas, desde entonces nos traen cloro de Comalapa. Le dio una diarrea, vasca y fiebre, fue una soltura que en una semana se nos fue”, así describe la pérdida de su nieto Eufemia Medina Gudiel, de 45 años. A Eufemia le quedó a cargo otro nieto y su pequeña hija, dicen sobrevivir de las remesas que le mandan dos hijos, de las sobaditas que da y de la caridad de los vecinos de las comarcas. Valentina Hurtado, de 65 años, vive el mismo drama en el caserío más habitado del El Naranjo. Comentó cómo la niña falleció al darle “fiebre y mal de la barriga, ya no vio el sol claro”. La señora dice esperar los paquetes prometidos por el Gobierno, “solo a los que viven a orillas de la trocha les dan, yo no he recibido, pero ahí vamos pasando la vida, con el poder de Dios que es grande, más de algún día Dios nos debe mandar la bendición del agua”.

LA CUIDAN COMO TESORO

Eduarda Calero Hurtado es parte de las siete personas que viven en un rancho ubicado a orillas de la trocha. “Tomamos agua de los pocitos que se hacen, si no nos morimos de sed, pues garubas caen por allá. El río está seco, lleva dos años que no echa agua porque hay despale. La cosecha fue muy poca, sembramos frijoles, pero no han crecido. Mi marido e hijo tienen que trabajar en el campo para la comida porque ayuda solo le dan a escogidos, no es para los necesitados”, refiere Calero. Manuel Calero Estrada añade que en esa zona “vivimos de la agricultura, de la siembra de maíz, frijol y al no cosechar esto está malito, sembré maíz y se ha secado, frijoles sembramos pero no ha crecido. Dios quiera que nos dé una cosechita, si no estamos listos”.

COMALAPA

El municipio de Comalapa está ubicado a 130 kilómetros de Managua y a 37 de la ciudad de Juigalpa, cabecera departamental de Chontales. Cuenta con 17,000 habitantes, ubicándose el 88 por ciento de la población en el área rural que está distribuida de forma dispersa en 18 comarcas y 9 caseríos. La actividad económica es agropecuaria y en su mayoría son jornaleros. 60 viviendas dispersas, aproximadamente, hay en El Naranjo. En esa comarca no hay pozo, sus pobladores dicen que un pozo es una promesa que solo se ha quedado en palabras.

Cortesía: La Prensa

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